No es ficción, es real. El narcotráfico existe en la CDMX

En México llevamos casi tres sexenios envueltos en una ola de violencia y sangre gracias a una “guerra contra el narco” que para muchos es necesaria, mientras que para otros no tiene sentido.

El gobierno capitalino, bajo órdenes de la izquierda desde hace 20 años, se ha cansado de negar las carencias y presumir las fortalezas (a veces vistas sólo por ellos) de una ciudad, que además de estar relegada en temas tecnológicos y de movilidad, se ha convertido en una de las más pobladas a nivel mundial.

 

¿Pacto o guerra?: ese es el dilema

Desde que comenzó la famosa “guerra contra el narco” he escuchado a familiares y amigos decir que cuando el PRI estaba en Los Pinos y gobernaba la ciudad, las cosas eran diferentes, robaban, pero discretamente, había narco, pero pactaban con ellos y no había violencia. ¡Vaya manera de solucionar las cosas!

Luego llegó la derecha al país y la izquierda a la ciudad. Las cosas no cambiaron, de hecho, empeoraron. Felipe Calderón inició una guerra violenta contra cárteles de la droga y la Ciudad de México, de a poco, se fue llenando de narcomenudistas.

Siempre se ha sabido que en Ciudad Universitaria existe venta de drogas en menores proporciones, igual que en Tepito, pero entonces ¿de dónde creíamos que sacaban la droga los dealers?

Dentro de su discurso, el PRD ha negado muchas veces que en la CDMX exista crimen organizado (esos son problemas de provincia, we…), pero el 20 de julio fue abatido por elementos de la Secretaría de Marina Armada de México (Semar) Felipe de Jesús Pérez Luna, mejor conocido como “El Ojos”, en la delegación Tláhuac.

 

¿Quién era “El Ojos”?

Se trata del presunto líder del cártel de Tláhuac-Chalco, sí, leíste bien, C Á R T E L. Ese tipo organización delictiva que el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera ha negado que exista en la ciudad.

“El Ojos” tenía 48 años y a pesar de ser narcomenudista y uno de los 45 líderes de narcotráfico que existen en la ciudad, nunca pisó la cárcel. En 2012 se apoderó de la zona oriente de la ciudad, por lo que era el líder criminal en Tláhuac, Milpa Alta, Xochimilco y Chalco, en el Estado de México.

Su manera de trabajar, guardando las proporciones, era como los cárteles que ya conocemos, pues usaba mototaxistas como dealers, luego de haber comenzado como asaltante, según reportes de la procuraduría capitalina.

Estas investigaciones dejaron ver que era un hombre violento en extremo y que en su haber tenía cientos de asesinatos en Milpa Alta, Xochimilco, Tláhuac y hasta en Coyoacán.

Durante alrededor de siete años, “El Ojos” operó con libertad en su zona, pues amenazaba a las cuadrillas de investigación que estaban sobre él. Su confianza lo llevó a aparecer públicamente en la Feria de Zapotitlán 2016 junto a su familia.

Su principal rival era otro narcomenudista de la zona apodado “El Gastón”, con el que se enfrentó en varias ocasiones provocando más de 300 ejecuciones, es decir, inició la guerra entre el cártel Tláhuac-Chalco y el cártel Tlalpan-Morelos.

Sin embargo, a pesar de la impunidad de la que gozaba, parece que el destino eligió el 2017 como el año de su declive, pues en enero fue detenido su hijo, Miguel Ángel Pérez, en Acapulco. “El Ojitos”, como es conocido, hoy espera sentencia en la cárcel.

20 de julio, el día del juicio final

Un domicilio ubicado en la colonia La Conchita Zapotitlán, en Tláhuac, fue el blanco del operativo de las fuerzas federales, luego de que los trabajos de inteligencia de la Semar revelaran la presencia de narcomenudistas en la zona, dedicados al crimen organizado, el secuestro y la extorsión.

Reportes de la Semar indicaron que, ante la presencia de marinos, los delincuentes abrieron fuego, las fuerzas armadas repelieron la agresión y como resultado murieron ocho delincuentes. Se trataba de “El Ojos” y siete de sus sicarios.

Tras el enfrentamiento, en el lugar quedaron a la vista armas largas de uso exclusivo del ejército, mientras que la Marina resguardó la zona para impedir el paso.

 

Un ídolo ante el pueblo

A pesar de su actividad delictiva, Pérez Luna era querido por sus vecinos, pero nadie dimensionó ese amor hasta el día de su funeral cuando más de mil de personas acudieron al panteón San Lorenzo Tezonco para darle el último adiós a su ídolo.

A pesar de la lluvia, el 24 de julio 500 personas llevaron el féretro de Pérez luna hasta su última morada, se prohibió la entrada a medios de comunicación y personas desconocidas para los vecinos.

Se pudieron escuchar cantos, porras, lamentos y llanto, pues a todos les dolía la muerte del criminal. Incluso, durante el trayecto se pudo escuchar el corrido que se compuso en su nombre, mismo que contaba su historia delictiva.

No es culpa de la gente, es culpa del gobierno

Este es el primer caso de grandes dimensiones que se conoce en la CDMX respecto al narcotráfico, al menos, es el primero que el gobierno no puede ocultar. Lo cierto es que si los cárteles de la droga, chicos o grandes, no existieran en esta ciudad, la marina no habría acudido a abatir a un criminal.

Para el gobierno capitalino llegó el momento de sincerarse y admitir ante la sociedad lo que sucede en la ciudad, siempre se agradecerá más un gobierno que acepta los errores o las deficiencias y que intenta frenarlas que uno que pretende engañarnos, ocultarnos la verdad y vernos la cara.

Después de todo, queda vacante una plaza que más de un narco querrá apropiarse tras la muerte de Pérez Luna, lo que podría desatar otra ola de violencia en la ciudad.

Al final del día, la culpa de amar a “El Ojos” no es de la gente, sino del gobierno porque es inconcebible que este país la sociedad se vea más beneficiada de un narcotraficante que de sus propios gobernantes, quienes, según cuenta la leyenda, tienen la obligación de velar por los intereses del pueblo.

El abatimiento de “El Ojos” y su funeral repleto de gente común y corriente que lo amaba sólo es el reflejo de una sociedad golpeada y deteriorada por sus gobernantes que ven en los criminales al ídolo que nadie les ha podido dar.

 

A partir de ahora queda estrictamente prohibido juzgar a Kate del Castillo por confiar más en “El Chapo” que en Enrique Peña Nieto.26

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