Se quede o se vaya, el cardenal Norberto Rivera debe ser investigado

Desde que tengo memoria, el nombre de Norberto Rivera Carrera lo he escuchado en la radio y en las misas, lo he visto en la televisión, en internet y lo he leído en los diarios. Este año, por fin, ha presentado su renuncia como arzobispo Primado de México.

Conforme al Derecho Canónico, rama del derecho que estudia y desarrolla la regulación jurídica de la Iglesia católica, al cumplir los 75 años de edad el todavía cardenal Rivera se vio obligado a presentar su renuncia.

Sin embargo, la renuncia canónica no representa una dimisión inmediata, pues debe ser el Papa Francisco quien evalúe y decida si la acepta o lo deja más tiempo en el cargo. Es decir, la renuncia del cardenal Rivera no servirá para desaforarlo o para comenzar su persecución por cualquier delito por el que haya sido acusado.

Pero sí, ¿por qué no?, puede dar valor a quien deba tenerlo para buscar que pague si es que es culpable de algún delito, como el encubrimiento de 15 pederastas por el que ha sido acusado y que ha provocado que la Procuraduría General de la República abra una carpeta de investigación.

 

¿Quién es Norberto Rivera?

Norberto Rivera Carrera nació en Durango el 6 de junio de 1942, fue ordenado sacerdote en 1966 por el Papa Pablo VI. Durante casi veinte años trabajó en su estado natal, así como en Zacatecas, fundó el movimiento “Jornadas de Vida Cristiana” y en 1985 fue nombrado II obispo de Tehuacán, Puebla.

En 1995 fue movido a la catedral metropolitana para convertirse en el encargado de dirigir el Arzobispado de este país, cargo que ha desempeñado hasta la fecha.

Hoy, ante su inminente renuncia, ha sido blanco de ataques, acusaciones y declaraciones en su contra. Seguramente muchas de ellas fundamentadas, otras pocas inventadas, pero esa ha sido la característica de su gestión, la polémica y los ataques.

Seguro habrá quienes tengan una buena imagen sobre él, lo cierto es que la mayoría recibe esta noticia con alivio y alegría. Por eso, con el llamado que le ha hecho el Vaticano para declarar sobre casos de pederastia y con su inminente salida de la Arquidiócesis de México, vale la pena recordar sus errores y sus aciertos… si es que los hay.

 

Aciertos y errores

 

Juan Pablo II

Durante su gestión, Norberto Rivera ha vivido la visita a México de tres Papas, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, siendo el primero, sin duda, el de mayor relevancia para él, pues Juan Pablo II visitó en cinco ocasiones nuestro país, cuatro de ellas, bajo el cardenalato de Rivera.

1990, 1993, 1999 y 2002 fueron los años en que el “Papa peregrino” vino a este país y convivió con Norberto Rivera. Es bien sabida la buena relación entre ambos y durante su segunda visita beatificó a Juan Diego y en la quinta lo canonizó.

Durante el pontificado de Juan Pablo II la Iglesia mexicana mantuvo una buena relación con el Vaticano, pues México fue el primer país que visitó Karol Józef Wojtyła ya como Santo Padre, por lo que generó un gran cariño a estas tierras.

Las visitas, la buena relación y la buena posición de México ante el Vaticano son considerados grandes aciertos del cardenal durante la década de los 90, a pesar de las acusaciones contra ambos de encubrimiento a pederastas.

 

San Juan Diego

Uno de sus actos más reconocidos durante su cardenalato fue la canonización de Juan Diego, pues él fue uno de los principales promotores de convertir en santo a este personaje tan reconocido en nuestro país.

En 2002, en Ecatepec, Estado de México, el Papa Juan Pablo II convirtió al beato Juan Diego en San Juan Diego ante miles de personas en lo que fue la quinta visita del Papa a nuestro país.

Si bien, muchos no creen en la aparición del indio ante la Virgen María, el tema fue tratado con seriedad ante los medios y al cardenal se le reconoció la labor hecha para traer a un Papa enfermo y disminuido desde Roma para canonizar al querido Juan Diego.

Lo curioso fue la polémica que se desató en torno a la credibilidad de los milagros del hoy santo, pues en aquel entonces, Reforma presentó una nota en donde Esperanza Silva, madre de un joven a quien supuestamente Juan Diego le habría salvado la vida tras caer de una altura de 10 metros, declaraba que se mudaría a Estados Unidos, pues la canonización del indio mexicano sólo había beneficiado a las autoridades.

 

La Plaza Mariana

En 2003, el entonces jefe de gobierno de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, donó terrenos a la Iglesia en donde fue construida la Plaza Mariana. Su inauguración se dio en 2011 con la presencia del entonces presidente de la República Felipe Calderón y el jefe de gobierno Marcelo Ebrard.

La plaza fue construida frente a la Basílica de Guadalupe y tiene una extensión de más de 67 mil metros cuadrados. Tuvo un costo aproximado de 800 millones de pesos y fue construida por Grupo Carso, propiedad del empresario Carlos Slim, luego de un litigio en donde 250 comerciantes alegaban ser propietarios de una parte del terreno.

El gobierno alegó que los 30 mil metros cuadrados que pertenecían a la Fundación Plaza Mariana fueron otorgados a la Fundación Pro Peregrino de Guadalupe, pues los comerciantes no construyeron los comercios en los tiempos estipulados. Pero resulta que ambas fundaciones eran propiedad del cardenal Norberto Rivera.

Los fieles y las autoridades celebraron la construcción de la Plaza Mariana, pero los medios y los críticos no dejaron pasar en alto la manera en que se dio dicha construcción.

A 16 años de esto, la Plaza Mariana no ha podido cobrar la relevancia que se buscaba, lo que podría considerarse como un proyecto fallido, tomando en cuenta el tiempo que ha pasado. Sin embargo, los fieles aplauden la construcción.

 

Francisco I y la caída de los fieles

En 2016, el Papa Francisco visitó nuestro país por primera vez y Norberto fue criticado debido a que fue bien sabido por muchos que él no gestionó la visita, como lo fue con Juan Pablo II y Benedicto XVI. Fue el gobierno quien gestó la visita y el cardenal debió acatar órdenes.

Incluso, durante los días que el Papa Francisco estuvo en México, el cardenal perdió el protagonismo y siempre mostró un aspecto defensivo y serio, se notaba su incomodidad, se notaba que no era parte del proyecto y que sólo acompañaba a Su Santidad por obligación. En pocas palabras, le quitaron autoridad y él lo permitió.

Por otra parte, la religión católica ha perdido fieles en nuestro país y el primer responsable es el cardenal Rivera, pues es la máxima autoridad eclesiástica.

Las cifras revelan que desde los 70 la fidelidad a la casa de Cristo no ha dejado de caer. Por ejemplo, en 2002 un 88 por ciento de los mexicanos se consideraba católico, pero el último censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) se reveló la caída de esta cifra hasta el 82.9 por ciento.

La gente ya no cree en la Iglesia, lo que lleva a no creer en Dios, pues en 2010 se registró un 4.6 por ciento de ateos, cuando en 1970 había sólo 1.6 por ciento.

El responsable: Norberto Rivera Carrera.

 

Pederastia

A finales del 2016, el cardenal Norberto Rivera aseguró frente a los medios de comunicación que durante su gestión nunca encubrió casos de pederastia, sin embargo, el pasado 14 de junio, la PGR abrió una carpeta de investigación por el supuesto encubrimiento de 15 sacerdotes pederastas al interior de la Arquidiócesis de México.

El ex sacerdote Alberto Athié señaló que la denuncia se presentó el pasado 2 de junio, que los demandantes acudieron a presentar la denuncia ante las autoridades y pidieron estar presentes cuando el cardenal se presente a declarar.

Los demandantes afirmaron que el cardenal no debe obtener ningún tipo de privilegio y que debe declarar como cualquier otro ciudadano, mientras que la Arquidiócesis a través de su vocero, Hugo Valdemar, declaró que no han recibido notificación alguna de parte de la PGR.

“Yo no he protegido absolutamente a ningún pederasta, de hecho, al menos unos quince sacerdotes han recibido sentencias…” declaró Rivera Carrera el año pasado, puede ser cierto, puede que la PGR determine que no es así.

 

Lo cierto es que el todavía cardenal saldrá de la Arquidiócesis con más pena que gloria, con acusaciones y conflictos, con amistades en la política que no son bien vistas, con una baja en el catolicismo, con poca autoridad ante el Vaticano y con una desaprobación por parte de la población.

Las autoridades deberán ser quienes juzguen y decían si hay delito que perseguir, sólo él sabrá si es culpable o no, sólo él sabrá si su gestión fue buena, pero como dirían en su gremio, “ya le llegará el juicio final…”

 

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