¿Turismofobia? El lado B del turismo masivo

Cada vez son más los turistas que llegan a España deseando disfrutar su comida, conocer su cultura o pasar un buen rato de diversión. A pesar de que esto puede parecer un ganar-ganar para todos, muchos españoles no están tan de acuerdo con la idea de que los turistas sólo traen consigo alegría, diversión y una gran derrama económica para el país.

Para muchos de ellos, el turismo masivo puede ser un arma de doble filo y en los meses recientes ha provocado el surgimiento de un nuevo fenómeno que abandera numerosas protestas y pintas en España llamado “turismofobia”.

 

Turismo al alza

Hace 30 años, Barcelona decidió abrir sus puertas al mundo. Hoy su sector turístico representa 12% del PIB de esa ciudad y genera 20% de los nuevos empleos de toda España.

En 2016, Barcelona fue la 12ª ciudad más visitada del mundo y la tercera más visitada de Europa, sólo superada por Londres y París. En esa ciudad española habitan 1.5 millones de habitantes y de acuerdo a datos de Master Card, ese mismo año recibió 8 millones de turistas sólo en sus hoteles.

Aunque son muchas las razones por las que el turismo en España se ha venido incrementando los últimos años, el secretario general de la Federación Española de Hostelería (FEHR), Emilio Gallego Zuazo, destaca algunas como:

 

  •      Impulso del turismo de bajo costo
  •      Disminución en los precios de los vuelos
  •      Incremento de la capacidad de alojamiento

 

Según relatan algunos residentes españoles, esta forma de hacer turismo atrae a muchos viajeros jóvenes, que llegan en vuelos baratos, comparten alojamiento con varias personas y algunos tienen hábitos poco respetuosos de los lugares que visitan como beber y comer en la calle o tirar basura.

El boom del turismo impacta en la vida cotidiana de los residentes, transformando los servicios, las instalaciones y los comercios de la zona que pasan a orientarse hacia este tipo de turistas.

 

Turismofobia

La “turismofobia” surge por el constante flujo de nuevas caras que llegan para disfrutar de una experiencia “a la española”. Esa masificación turística genera problemas de convivencia que molestan a muchos residentes, que reclaman estar siendo desplazados de sus lugares de origen debido a los turistas, entre otras consecuencias negativas como:

 

  •      Precarización laboral
  •      Invasión del espacio público
  •      Destrucción del territorio y contaminación
  •      Aumento de precios en las rentas de los residentes

 

El diario británico The Independent coloca a Barcelona como uno de los ocho destinos que más odian a los turistas, lo cual ha sido expresado por ellos mismos a través de diferentes protestas y pintas en las calles.

(Traducción foto: Detengamos el turismo masivo, queremos barrios para vivir)

De acuerdo al Informe de actividad turística 2016 de España, casi 50% de los barceloneses considera que el turismo está llegando al límite y exigen que el gobierno tome medidas al respecto.

 

Combatir la “turismofobia” y la masificación turística

Para tratar de combatir los efectos negativos de la “turismofobia” y la masificación de las zonas turísticas, el ayuntamiento de Barcelona aprobó en enero de este año, un plan que detiene por completo la apertura de nuevos hoteles en las zonas turísticas de Barcelona y en algunas zonas aledañas al centro, tratando con esto de distribuir a los visitantes por toda la ciudad.

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, dictó una moratoria de nuevas licencias para los lugares de alojamiento turístico. Además, desde enero de 2016, la ciudad cuenta con un grupo de inspectores que se dedican a comprobar que aquellos que rentan sus casas a los turistas cuenten con la licencia apropiada para ello.

 

No sólo en España

Barcelona no es la única ciudad que está enfrentando problemas debido al turismo masivo, ciudades como Roma o Reykjavik también están comenzando a adoptar medidas para detener los efectos negativos que puede producir un turismo depredador.

En Venecia, sus habitantes también han tenido que huir del centro, debido al incremento en los precios de las viviendas y la proliferación de hoteles y departamentos dedicados al turismo.

Islandia es una isla de apenas 330 mil habitantes que, en 2016, recibió 1.7 millones de turistas atraídos por los blancos paisajes y el turismo de aventura promovido desde su gobierno; provocando que sea prácticamente imposible rentar algún espacio para alojarse en su capital.

En Manhattan, el gobierno decidió redirigir el turismo a barrios como Queens, Bronx, Brooklyn y Staten Island para evitar las diversas problemáticas que se generan cuando los turistas se concentran únicamente en un solo sector de la ciudad.

El turismo es un gran motor de la economía de cualquier país, pero, como cualquier industria, de no tomar las medidas necesarias para su regulación; pueden desencadenase graves problemas como la “turismofobia”, que comprometerá la habitabilidad de las zonas para cualquiera que decida transitar por ellas.

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